Cuando dejamos de hacer del sexo una carrera para llegar a algún sitio, o una lucha de poder en la cual nos responsabilizamos el uno al otro por conseguir algo, o de vivirlo con morbo o como nos ha educado la sociedad, de una forma pornográfica, si no que aprendemos a llevar consciencia y amor a ese acto, podremos descubrir que es una puerta hacia un profundo éxtasis que está esperando a ser despertado. El placer de una sexualidad de entretenimiento es el diez por ciento de nuestra capacidad de generar amor y placer. Los Tántricos descubrieron que en la unión de las polaridades principales que son: hombre-mujer, masculino-femenino, comienza después de una fusión relajada de por lo menos treinta minutos, a circular energía electromagnética entre los genitales y el corazón de los amantes. Y si se continúa esta unión tiene el potencial de culminar en una comunión de éxtasis de cuerpo y alma, además de ser profundamente sanadora…
En el camino que propone Tantra aprendemos a liberar nuestro cuerpo de juicios y tensiones acumuladas por experiencias y creencias pasadas. Aprendemos a liberar nuestras heridas emocionales generadas en nuestra infancia y contactos íntimos para así poder asentar las bases para que el amor fluya y podamos confiar y ser de confianza. Aprendemos a observar la mente para que se rinda a vivir el ahora y a ser creativa dejando de repetir pautas y sistemas de creencia obsoletos y dañinos. De esta forma creamos el espacio para que la energía fluya con libertad y naturalidad.