Si tu músculo diafragma está tenso, duro, sin esponjosidad, la vibración, la energía y la capacidad de sentir y sentirse será incapaz de traspasarlo. Provocando falta de sensibilidad hacia ti mismo y hacia los demás. Vivir desde la rigidez, con la sensación de que la vida es una lucha, algo a lo que hay que empujar. Una guerra constante ¡Tremendamente agotador!
Si tu diafragma está sin tono, flojo y sin fuerza, la respiración será pequeña y corta, incapaz de ayudar al prana o energía vital a subir a los centros superiores del cuerpo. Si está blando y sin tensión, se vive con una sensación de tedio y aburrimiento, como si no valiera la pena el esfuerzo de vivir. Pero recuerda que aquí y ahora ¡sólo tienes esta vida!
En ambos casos tendrás un cuerpo partido en dos. Sin conexión entre la parte inferior y superior del cuerpo. Lo que hace que vivas a medias. Con un diafragma afinado, es decir, tónico, movible, con la capacidad de expandirse y relajarse según requiera cada momento, podrás vivir en un cuerpo conectado a lo que sientes y una mente que capta y acepta la vida tal cual: dura cuando lo es, tediosa cuando toca y gozosa el resto del tiempo.