Lo femenino encarna el amor y como tal es una responsabilidad innata en la mujer comprender esta esencia y lo que significa vivir centrada en el corazón. El espacio sagrado del corazón no es algo que tengamos que aprender. Solamente necesitamos recordar lo que es innato en nosotras y abrirnos camino por la maraña de emocionalidad, heridas adquiridas en nuestro trato con lo masculino para retornar a ese espacio que siempre ha sido nuestra consciencia de amor.
Las emociones se presentan en polaridad, son cambiantes y poderosas y tiñen nuestra consciencia de forma tan poderosa que nos hacen esclavas. El amor es un estado constante, cuando lo reconoces en ti, vuelves a ser libre y digna para que el brillo de tu belleza intrínseca no se apague bajo ningún concepto, ni siquiera cuando sientes dolor. De esta manera dejas de ser víctima de tus deseos románticos y de tu codependencia con lo masculino para amarlo en libertad y enseñarle a amar con espíritu e integridad.
Barry Long
Mi búsqueda me lleva al tantra a los 18 años cuando estudiando filosofía y orientalística me encontré con un libro del místico Osho y dejé todo para estar cerca de ese maestro que me enseño a morir, y aún así a estar dichosamente viva disfrutando de la vida en todas sus expresiones.
Además de sus charlas, tuve la oportunidad de participar durante 8 años en grupos de terapia y de tantra donde el trabajo era puramente experimental y los conocimientos se integraban a un nivel físico, emocional y mental, todo ello coronado por la meditación.
Gestalt, bioenergética, respiración, hipnosis Ericksoniana, Pnl, tantra, meditaciones de múltiples corrientes místicas, trabajos jungianos, terapia sexual, etc fueron técnicas que aprendí para crear el espacio que quiero compartir: La absoluta presencia de la mente en el aquí y ahora, la relajación del corazón y la confianza en lo que Es.
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