Tantra: El éxtasis mientras haces la colada

«Seguramente hayas leído relatos tradicionales de sabios plenamente iluminados de Asia, o de santos y místicos occidentales sin mácula alguna. Pero estas historias ideales pueden engañarnos. En realidad, en el despertar del corazón no hay algo como la jubilación iluminada. Las cosas no van así.

Todos sabemos que tras la luna de miel viene el matrimonio, tras las elecciones viene la dura tarea de gobernar. En la vida espiritual sucede lo mismo: tras el éxtasis viene la colada.»  – Jack Kornfield, Después del éxtasis la colada.

 


 

Hace poco leí un libro que os recomiendo a todos los meditadores. Es de Jack Kornfield y se titula: Después del éxtasis la colada. Me encantó.

Se cuestiona esto:

“La mayoría de los relatos espirituales finalizan con la realización o iluminación. Pero qué sucede si preguntamos ¿qué pasa después? ¿Qué sucede cuando el maestro zen regresa a casa, donde le esperan esposa e hijos? ¿Qué pasa cuando el místico cristiano va de compras? ¿Cómo es la vida tras el éxtasis? ¿Cómo vivimos nuestra comprensión con un corazón pleno?

E invita a esto:

«En el espíritu de Gandhi, la Madre Teresa, Dorothy Day y el Dalai Lama, comprenden que la perfección espiritual no nace de uno mismo, sino a partir de la paciencia y del amor que crecen mediante la sabiduría de la amplia comunidad; dicha plenitud espiritual y libertad incluye la compasión por todas las cosas que surgen en forma humana.»

 

Este libro presenta un dilema con el que me he encontrado tanto dentro de mi como fuera en el mundo: Como bajar el éxtasis a la tierra, a lo cotidiano, a la vida manifiesta en todos los ámbitos, el personal, emocional, sexual, de pareja, familiar, social, en la relación con la tierra, a cada acto, a cada palabra.

Gracias a la visión tántrica de mi maestro Osho, me fue relativamente fácil disfrutar de la colada. Ahora entiendo que no solo nos lanzó al vacío con la meditación sino que nos entrenó para celebrar y amar todas las cosas de la vida humana y de la vida en general, y tuvimos la oportunidad de aprender del cuerpo, de las emociones, de la sexualidad, de la convivencia…

La visión del tantra es que lo mundano no está separado del espíritu.
Para el tantra la dualidad no es el fracaso de la unidad, es la unidad desbordándose y volcándose en la creación. Y para eso se divide: en Shiva y Shakti, consciencia y energía. La creación es un acto de amor entre ambos!!!

Toda mi vida ha estado dedicada a la búsqueda de la realización. Desde niña me presionaban preguntas como ¿Quien soy yo? ¿Cual es el propósito de esta vida? ¿Porque tanto dolor emocional? ¿Que es la paz, la libertad, la muerte, el misterio de amar en lo concreto y en lo universal?

Y aún después del éxtasis cada día me despierto “sin saber”, ese “sin saber” precisamente es la respuesta a todos los misterios en si mismos. El hecho de poder dejarme caer en el vacío del “sin saber” y al mismo tiempo estar completamente disponible a que el misterio, el juego de la vida se desenvuelva delante de mis narices, conmigo de protagonista, imprevisible, una y otra vez, ha sido la bendición de mi viaje a ninguna parte.

Al leer este libro pude entender el valor de las enseñanzas tántricas y de la manera en la que Osho nos las transmitió a través de la vida en su ashram. El nos enseño que se podía hacer la colada celebrando. Que el amado siempre acompaña a la amada, él está presente hasta cuando ella hace la colada.

Después de estar rendida a las enseñanzas tántricas de Osho durante 9 años, quedarme suspendida en el misterio cuando su cuerpo nos dejó y finalmente caer al vacío durante un satsang de Papaji, maestro advaita, discípulo de Ramana, entendí que lo que yo consideraba el final del camino en realidad era solo el principio.

Si, es cierto que la realización de que soy consciencia pura me expandió en un espacio infinito en el que ya no había identificación, ni tensión alguna, ni palabras, ni tiempo, ni principio, ni fin, ni tu , ni yo, ni forma, ni atributo, ni deseo, ni anhelo, puro silencio, eterno espacio.

Es cierto que me gustaría haberme quedado “entodismada”, o “nadismada”por llamarlo de alguna manera y haberme mantenido lejos del mundanal ruido de la civilización, de las mentes identificadas con el juego, con la historia. No tenía ganas de jugar ya, de zambullirme en las historias humanas, de identificarme, de ser alguien, de tener emociones y deseos, de proyectar, ni tan siquiera de hablar. La silenciosa y vibrante eternidad sin forma era todo lo que mi consciencia quería contener y contemplar, por no decir Ser.

Pero no iba a ser tan sencillo, oh no…, esa vacuidad se llenó! Primero se llenó de una inmensa vibración que físicamente se sentía como una implosión de energía tan inmensa que siendo extática también era sobrecogedora y aterradora. Compasiva y demoledora, no sé muy bien como describirlo.
Ella era la vida pulsando en mi cuerpo! Un cuerpo!!! Una forma!!! Un alguien!!! delimitado, único, sintiente, pensante, una encarnación concreta, con un funcionamiento concreto, con gustos y anhelos, con preferencias, con emociones, con un funcionamiento mental configurado de una manera específica, con sombras y luces, cambiante……. Era ella, Shakti!!! Y se quería manifestar, expresar.

Y observé:

Pude observar como se colaba un nuevo ego disfrazado de No-dualidad, de que lo mundano no importa, porque yo ya sé, porqué salté de la mente a la consciencia pura, yo ya sé que no soy nada y que todos los demás son lo mismo y estamos todos disfrazados para ocupar nuestro lugar en esta gran tragicomedia, Leela (Juego) como lo llaman tan acertadamente en India.

Me quise agarrar al Vacío, jajaja!

Entendí a los anacoretas, a los ermitaños, a los sadhus que renuncian al mundo para refugiarse en una celdita, a los monjes…, entendí a Ramana sentado en una cueva silencioso, rechazando hasta a su madre, rechazando cualquier interacción que lo obligara a ocupar un personaje, un rol. La consciencia exenta de identificación con los contenidos, pensamientos, hábitos emocionales deseos y anhelos.

Y sí, había una absoluta verdad en todo eso, ¡Shiva! El destructor de toda ilusión, de todo contenido, consciencia pura que no se define por nada.

Y también había una parte del ego que se quería atribuir la experiencia y rechazar todo contenido para no involucrarse en lo que le incomodaba, como alguien que acaba de limpiar la casa y se esconde en un rinconcito para no ensuciarla nunca más.
Entendí el pánico del masculino a perder su paz eterna, su vacuidad prístina e infinitamente libre de contenido.

Pero no, este cáliz no iba a pasar de largo, y todavía estoy bebiendo de esta copa y embriagándome de su contenido, me emborracho de él y me contraigo en la identificación, la lío, ensucio, limpio, abrazo, rechazo, amo y odio, juzgo y acepto, me enfado, me acojono, me pongo por encima y luego por debajo, me separo y me fundo. Aquí sigo desde la eternidad haciendo la colada, aprendiendo a Ser presencia en Amor, a no rechazar a Shakti en ninguna de sus expresiones, a confiar en cualquier expresión que emerge, a confiar en que pase lo que pase es acogido en el presente eterno de la consciencia, de que sigo aquí, siempre aquí, siempre aquí…, dándome cuenta.

No hay nada defectuoso, ni esperando a ser arreglado, ya está siendo, es una aventura!!!
Y para viajar por esta aventura estoy equipada de un ego, una identificación sana que se integra poco a poco en la experiencia, que me permite, cuidarme, sentir mis necesidades, mis deseos y anhelos, que se va rindiendo a saber que a veces la vida me trae lo que necesito y no lo que deseo, que puedo desear sabiendo que mi felicidad esencial no depende de objetivos, que puedo ser este yo y no otro, que está a la escucha de lo que es necesario y verdadero en este instante, que es fluido y firme, que me sostiene y me doblega. Que es mi manera de florecer y cantar y contribuir a esta existencia.

 

Y así empecé a zambullirme en la experiencia de estar viva y encarnada, como si el mar, fuera mar y pez al mismo tiempo. Yo soy Eso y Eso está viviendo en un pequeño humano con esta forma, teniendo de esa manera una experiencia única de si mismo.

Hasta ese momento no había consciencia en mi de lo que supone la vida encarnada.
En ese momento entendí lo que Osho decía en sus discursos: La vida no es un problema a resolver, sino un misterio a descubrir, a celebrar, a amar.

Hasta que esa consciencia vacía y eterna no contuviera todas las expresiones de vida y energía con la misma ecuánime, relajada, compasiva y respetuosa mirada no estaba completa la experiencia, y con todo me refiero a todo, a la historia de esta encarnación humana, a mi hijo necesitando de mi atención y amor, a mi madre preocupada por mi futuro, a la compra en el súper, a la colada, a mi vecina quejándose, al mecánico que me anunciaba que el coche se ha gripado, a mi bolsillo vacío volviendo de India y sin ganas de hacer algo para llenarlo, a un amor despidiéndose de mi para volver a su tierra…, al miedo de no saber vivir en el mundo siendo quien y como soy,  vulnerable a sentir la insoportable levedad de Ser.

Han pasado 26 años desde entonces y aquí sigo trayendo consciencia minuciosamente a todos los aspectos de Shakti encarnada. Aprendiendo de todos los aspectos de la vida, que ésta me quiere mostrar, incluyéndolos todos.
Ella se ocupa de la historia, de la obra de teatro, del vestuario, de las palabras, de los sentimientos, de cambiar los pañales, de bailar, de poner una flor, de llorar y reír, de seguir amando, de llenar el vacío, de que el juego nunca se pare.

 

Acabo de pasar un momento sorprendentemente doloroso de mi vida encarnada. Digo sorprendente porque me sorprendió muchísimo observarme en resistencia, en lucha, en sufrimiento, en darme cuenta de que aún sabiendo quien soy en la más profunda de las realidades, no dejo de tener contracciones profundamente humanas, objeciones a las formas que cobra la vida, tensiones de mi sistema individual frente al guión y que nunca dejaré de tenerlas.

Humildad es lo que estoy aprendiendo cada instante, cada día. A darme cuenta de que no se nada, de que “Ella” es impredecible y al mismo tiempo tiene sus leyes, su funcionamiento exquisito, sus respuestas, sus limitaciones, sus desgarros, sus posibilidades infinitas aún no exploradas, ella es la naturaleza misma, la madre de todo lo que tiene forma, ella es tan indestructible y eterna como la consciencia, solo que ella cambia y se mueve, y se encarna.

Inclinarse ante todas sus expresiones es lo que realmente le da libertad a mi consciencia.

También he tenido que abrazar a Kali, Shakti enfurecida pisoteando a Shiva porque más de una vez mi energía en forma de emoción se ha enarbolado y a pesar de ser consciencia plena (Shiva) dándome cuenta de su acontecer, no he podido más que observar como se desencadenaba la tormenta.

El ego masculino, el que tarda en asimilar una realización que te despoja de todo control y capacidad de mentira, el que todavía no se ha rendido, hubiera querido protegerse, negarla, reprimirla, huir de ella, o analizarla, ignorarla o cualquier cosa para no tener que humildemente darle espacio y presenciar su despliegue para después acogerla y permitir que repose en el corazón. Yo también soy eso y eso y eso otro……..y tome la forma que tome, sigue siendo amor.

 

Al principio, después de la luna de miel entre mi consciencia y mi energía, (digo “mi” para aclarar que está siendo experimentada a través de esta pequeña encarnación con la que me ha tocado identificarme, a la que llamo yo), a mi consciencia le desconcertaba llenarse con ciertos contenidos, como sentir una emoción dolorosa, percibir pensamientos limitantes de juicio y comparación, llenarse de miedo, de enfado etc…. en resumidas cuentas, verme pensar, actuar y sentir cosas que no me parecían congruentes con la inmaculada percepción de ser vacuidad consciente de si misma. O sea creer que mi experiencia de Yo encarnada está bajo mi control. Que hay alguna opción más que la de rendirme con absoluta totalidad a cada momento con lo que trae, dentro y fuera de mi.

Después de la luna de miel, Shiva y Shakti han de descender todo ese amor infinito disuelto en la consciencia infinita y darle forma en lo concreto, en lo manifiesto, en cada acto, en lo cotidiano, en lo humano.

 

Ahora bien, ser humano requiere caminar por la cuerda floja entre disciplina y fluidez, masculino y femenino.
La disciplina de estar con la consciencia relajadamente enfocada en el presente de mi cuerpo encarnado acompañando a la energía vital tal y como está diseñada para moverse a través de este en cada momento y circunstancia.

La disciplina de atestiguar hábitos de pensamientos que dirigen mi energía vital inconscientemente y mantener una amorosa mirada nueva y presente que por si misma acompaña a esta energía permitiéndole cobrar la forma natural para la que ha sido creada.

 

Es un proceso de encarnación constante que madura paralelamente, a medida que Shakti se siente presenciada y acogida, ella se mueve con más elegancia y amorosa esponjosidad y a medida que ella se conoce como amor, Shiva le va perdiendo miedo y se da cuenta de que sea cual sea su expresión, ella no deja de ser amor. Esto relaja y contribuye a la presencia.

Él sabe que sigue presente sea cual sea la expresión de Ella, y Ella sabe que es amor y que es presenciada en su naturaleza eternamente cambiante.

La historia de ese amor entre Vacuidad y Energía, Shiva y Shakti, Femenino y Masculino acontece cada día dentro de mi misma y dentro de ti también.

Siento la fusión de ellos en mi y en la vida cotidiana cuando no hay separación entre mi consciencia y mi energía, cuando contemplo y amo lo que soy tanto como la existencia misma me contempla y ama. Cuando me ofrezco a estar plenamente en el cuerpo para que lo divino se pueda expresar con totalidad a través de mi, sin condiciones.

Y también siento la separación cuando alguna de las expresiones de vida son excluidas de mi consciencia y no me experimento con el mismo amor y presencia con el que Dios-Diosa me están mirando. En ese momento la mirada del ego separado y no integrado se estrecha, le pone condiciones al amor y pretende ser mejor que la existencia misma que me ha creado.

 

Qué delirio esto de vivir encarnado!

 

Astiko



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