meditación del mes – mayo 2017

El tacto y el contacto: necesidades básicas en el ser humano:

Para poder entregarnos al tacto, a la rendición de nuestro cuerpo y a la fusión de éste con otro cuerpo y con otro ser humano, es importante crear situaciones en el día a día que nos permita estar disponibles para esta rendición.

Lo ideal es haber sido un bebé que ha recibido desde su nacimiento mucho contacto físico, estimulación a través de la piel, sensaciones de haber sido acariciado, tocado, besado, de haber sentido el cuerpo de nuestra madre cerca respirando y transmitiendo su sentir.

En nuestra sociedad occidental hubo una moda en el siglo 19 en la cual se deliberó que a los bebes no hay que llevarlos en brazos constantemente porque los mimamos demasiado. Esto ha ido a favor de una mente muy activa y en detrimento de una naturalidad y una sensación de ser parte de la naturaleza, de la vida.

Un cuerpo aislado es un cuerpo que no es feliz, que se siente solo y separado.

Esta meditación es una meditación que puedes hacer solo contigo mismo o con el otro. Si la practicáis a dos antes de hacer el amor o simplemente para conectar, haced primero la parte individual y luego permitís la conexión.

Siéntate en silencio en un lugar cómodo y acogedor.
Lleva las manos a diferentes partes de tu cuerpo y siente como tu consciencia las abraza y se aposenta en cada una de ellas.

Date el tiempo de sentir como la respiración llega a ese lugar y lo baña de vida, de presencia.

Siente la presencia de tu ser llenando cada parte de tu cuerpo, iluminándolo desde adentro, nutriéndolo con la dulce y espaciosa esencia del aire.

Cuando hayas recorrido todo el cuerpo por partes sin necesidad de que sea una secuencia lógica, ponte de pie y con una música suave permite que el cuerpo se enraíce como si fuera un junco o una flor y suéltalo sintiendo que se mece con una brisa suave de verano.

Se mece al recibir la caricia del aire entrando y saliendo, en la inhalación y la exhalación. Permite que participen tus brazos y tus manos, expandiéndose y acariciando el aire, sintiendo su cualidad cuando entra en ti y cuando lo acaricias con tu cuerpo, tus brazos, manos, etc…
Vuélvete uno con el aire y permite que su ligereza y expansión se apodere de todo tu cuerpo.

Siéntete tocado por la existencia, por el misterio, por lo inconmensurable, por la vida, por la creación y permite que ese contacto se aposente en tu corazón.

Cuando sientas esta expansión, suavemente con los ojos todavía cerrados permítete expandirte hacia tu compañ[email protected] sin más propósito que el de dejarte sentir la sensibilidad del tacto atravesando el aire.

Rozaos suavemente a medida que vuestra danza sigue estando conectada a tu propio movimiento respiratorio, estate en presencia sintiendo los roces o puntos de contacto que van ocurriendo espontáneamente, sin propósito, sin buscar y en plena apertura a que suceda el contacto al mismo tiempo, dejándote sentir si lo anhelas o lo temes, abriéndote a ese contacto más y más. Como si te crecieran antenas por todo el cuerpo sensibles a sentir el tacto y el contacto.

Abre tu corazón a sentir el corazón del otro a través del la sensibilidad que se despierta con el contacto.

El otro se convierte en la vida, en la existencia.

Fíjate de cuanta entrega eres capaz de sentir sin tener que saber o controlar, simplemente rindiéndote.

Déjate llevar por el movimiento, la música, la presencia y el roce del otro o del aire sin limitaciones.

Finalmente puedes acabar acostado con los brazos abiertos a cada lado de tu cuerpo o abrazado a tu compañ[email protected] fundiéndoos con la respiración.

Que la disfrutes,
un abrazo lleno de presencia y sensibilidad
Astiko